Águilas, Leones y Ratones

El Benfica de la última década, el que de la mano de Jorge Jesus cambió las tornas en Portugal, tuvo en su mediocampo, y especialmente en sus centrocampistas centrales, a dos de las señas más claras tanto de su identidad como de sus armas a la hora de competir. Javi García, Pablo Aimar, Axel Witsel, Nemanja Matic o Enzo Pérez, fueron parte esencial de una superioridad local que les valió a los lisboetas para iniciar una racha de dos ligas consecutivas que, ya sin el de Amadora en su banquillo, Rui Vitoria se ha encargado de aumentar con dos entorchados más. La hegemonía benfiquista en el campeonato luso, resulta clara.
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En esta línea, en la presente temporada no han sido sorprendentes novedades ni el renovado título doméstico ni el camino emprendido para obtenerlo, con laterales que asumen un importante peso en ataque, juego de bandas y, en resumen, un volumen de ataque al que normalmente sus rivales en Portugal difícilmente pueden hacer frente. Redondeado esto con la seguridad de Luisao y Lindelof, así como las intervenciones de la nueva primera piedra de Guardiola, el Benfica ha vuelto a ser el Benfica que en su liga acostumbra. Lo que probablemente sí haya resultado más inesperado es que su futbolista más representativo y, a la postre, definitivo en la victoria, haya sido Luís Miguel Afonso Fernandes, “Pizzi“, y sobre todo que lo haya sido desde un redescubierto rol como teórico acompañante del mediocentro. 
Y es que donde antaño los mediocentros de los águias formaron junto a un segundo pivote o junto a un diez más clásico, Fejsa se ha encontrado a un antiguo habilidoso y bullicioso extremo de banda reorientado, ahora, hacia la sala de máquinas.
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La mezcla no ha podido ser mejor. Pizzi, centrocampista de oficio pero atacante de corazón, ha representado ese músuculo ofensivo que, desplegado, ha multiplicado los fuegos, encaramado a la mediapunta para regar desde ella la corona del área rival de desequilibrio y último pase, al tiempo que tras él su serbio escudero mantenía recto el esqueleto. Uno ha sido el hombre clave, y el otro el indispensable punto de apoyo para su lucidez. Además de a partir del equilibrio de complementarios, Pizzi y Ljubomir Fejsa se han relacionado también desde la reciprocidad, siendo ambos piezas de mucha participación hasta el punto de que el portugués ha finalizado el curso como máximo pasador del campeonato. Ensanchado el equipo hacia las alas y con dos elementos de remate por delante, el espacio le ha brindado la oportunidad y el protagonismo el motivo. 
Especialmente relevante resulta esta última cuestión si se aleja la perspectiva y se mete también la nariz en lo que ha sido la andadura del los de Rui Vitoria en la Champions League, competición donde los lisboetas adquieren un estatus diferente y una posición inferior.
Significativo es, pues, que mientras en la Liga NOS Pizzi ha promediado más de 75 pases por encuentro, en la máxima competición continental la cifra se haya reducido casi una cuarta parte, describiendo con ello un tipo de escenario para el portugués y su equipo distinto al habitualmente enfrentado durante el fin de semana.