Rodrigo para quien o para todos ¿?

Rodrigo siempre ha parecido un futbolista difícil de descifrar. ¿Qué era exactamente: un extremo o un punta? Siendo tan rápido, ¿cómo es que no era más autosuficiente? ¿Por qué parecía mejor jugador que delantero? ¿Acaso podía seguir jugando arriba con tan poco gol? ¿Qué podía aportar a un equipo? ¿Y al propio Valencia CF?
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El fútbol sometió al hispano-brasileño al mismo interrogatorio al que viene sometiendo a todos esos segundas puntas que desde hace ya unos cuantos años se han quedado sin patria ni bandera. Y no lo estaba superando. Aportó poco como extremo, se quedó bastante corto como nueve y pareció continuamente menos jugador de lo que en realidad es. A Rodrigo el jurado no le creía. Estaba a punto de claudicar. Pero en ese momento llegó Marcelino García Toral.
Se podría decir que el técnico asturiano le instó a que se acogiera a la quinta enmienda. O lo que es lo mismo, le devolvió a la posición en la que había explotado en el Benfica: la segunda punta. En aquellas temporadas junto a Lima y Óscar Cardozo, Rodrigo había demostrado ser un complemento perfecto para un nueve clásico. Era un futbolista móvil que dinamizaba el ataque, conectaba el juego y aportaba una cuota de gol extra nada desdeñable. Es decir, demostraba ser el futbolista que, ahora, con más experiencia y todavía más juego, se ha ganado una convocatoria con la Selección al ser uno de los delanteros más en forma del presente curso.

Porque en Valencia ahora todo es diferente. La llegada de Marcelino significó la llegada del 4-4-2. Pero no sólo es una cuestión de sistema, que en este caso sí es muy importante, sino también de futbolistas. Simone Zaza hace una labor perfecta a su lado. Fija y brega con los centrales ofreciéndole a Rodrigo una libertad total para mezclar movimientos, tanto de apoyo como de ruptura, por todo el frente de ataque. La presencia de Carlos Soler, un futbolista que hila muy bien el juego y que se mueve muy bien entre líneas, aportando encima también un plus goleador necesario, es a su vez muy importante a la hora de tejer sociedades. Y, por último, pero no lo menos importante, la llegada de Guedes descarga de una serie de responsabilidades que a Rodrigo Moreno se le podían atragantar.
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El portugués es la velocidad, la verticalidad y la agresividad que siempre se le han presupuesto al juego del carioca, pero que en realidad no tenía de tal manera. Porque en ningún equipo los goles que pueda marcar Rodrigo Moreno le van a hacer titular, pero la falta de ellos sí le podían convertir en suplente. Y ahora no sólo su equipo necesita menos goles suyos gracias a Guedes o Soler, sino que, además, él también está encontrando su espacio para sumar buenas cifras (cuatro tantos y dos asistencias en siete partidos).

Entonces, ¿cómo encaja Rodrigo Moreno en España? ¿Puede ser una opción interesante cómo lo está siendo Iago Aspas? Hasta la fecha la Selección no ha jugado con dos puntas y, a tenor de lo visto, no parece muy probable que ésta vaya a ser una opción a tener muy en cuenta